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lunes, 1 de diciembre de 2014

El y Ella. Parte IV

Se encontraba en su cómoda cama, aunque no le resultaba tan acogedora como antes. Aún llevaba puesto el traje de marca que había comprado, era color negro de seda y en parte de algodón, su camisa de terciopelo blanca con rayas sumamente delgadas moradas.

Esa noche llego a su casa sin decir palabra alguna, simplemente se apresuro a su habitación y se acosto en su cama, sus ojos soltaban sin parar gotas de agua salada que le deslizaban hacia las orejas, no quería gritar ni hacer ruido alguno, solo quería estar en completa oscuridad y en total silencio, su fiel amigo canino junto a el se movió y no lo dejo, pasaron minutos que se transformaron en horas y el joven William seguía aun con los ojos bien abiertos e hinchados de los cuales continuaban saliendo gotas de agua salada, lloro hasta que dormido quedo.

Era ya de mañana su fiel acompañante canino lo despertó de lengüetazos en la cara, poco a poco el abrió los ojos y con una sonrisa lo miro y se dio cuenta de que era su fiel amigo y quizás el único verdadero, a el podía contarle sus mas oscuros secretos y sabia que no lo traicionaría, de la cama decidió levantarse y como acostumbraba día con día se metió a la ducha para prepararse al día que comenzaba, una ves dentro dejo que la dulce agua tibia cayera a su espalda y ahí medito los acontecimientos del día anterior. 

Triste y aun decaído salió de su ducha matutina y se vistió, era un hermoso sábado, las nubes blancas como la nieve y el cielo de un azul muy profundo, el sol ya comenzaba a esparcir sus rayos por todo el vecindario, William preparo sus cosas y siendo un poco antes de medio día volvió a hundirse en la tristeza, estaba destruido, su alegría había desaparecido, el brillo de sus ojos ya no lucia mas, volvió a llorar pero ahora mas profundamente, no tenia a nadie, estaba completamente solo.

Varias semanas pasaron y el seguía sin recuperarse, estaba en el abismo en completa soledad y oscuridad, cada ves se perdia mas dentro de si, no había salvacion, el amor poco a poco se alejo, de piedra su corazón se forjo, los buenos sentimientos atrás el dejo.

Después de largos meses de sufrimiento y duelo consigo mismo pudo despertar, el llanto la tristeza y la oscuridad venció, su trabajo y el semestre perdio, el equipo de fútbol americano del que el formaba parte logro el triunfo venciendo al rival en la gran final del campeonato, pero sobre todo la chica que el sentía aun amar seguía con su vida como si nada hubiera pasado.

Sin empleo, sin suficiente dinero, sin amigos y aun decaído se fue sin mirar atrás, con lo poco que pudo juntar de sus ahorros emprendió un viaje al lugar que lo vio nacer, un pequeño pueblo en el cual vivió muchas cosas divertidas durante su infancia, pero igual cosas tristes como la muerte de su madre.

Dos largos dias de viaje y todo seguía tal como el recordaba, la biblioteca solitaria como cuando se marcho y el cine y único del lugar con las mismas películas viejas que solía proyectar, por otro lado estaba el museo, el palacio presidencial, la iglesia, el teatro que a diferencia del cine este presentaba obras actuales con los actores del momento, y también estaba lo que la mayoría de los chicos detestaba; la universidad.

El hermoso y pintoresco pueblo de "LomLind" tenia su propio lago y un estadio que casi nadie ocupaba ya que el equipo del instituto no era realmente bueno, era en si un pueblo pequeño todos se conocían y peor aun, todos sabían casi todo de todos. William se estableció en la casa que le vio nacer y crecer, vieja, olvidada y polvorienta pero al fin de cuentas una casa enorme pero vacia, por fin su suerte cambiaba, logro conseguir un empleo de medio tiempo en una de la varias heladerías del pueblo al igual que entrar en la universidad, todo iba de maravilla, por fin lograba olvidar a la chica que el creía amar.

Largos y frios meses terminaban, todo era felicidad para William, era un día normal, la nieve caía del cielo y las nubes tapaban los pocos rayos del sol, por deberes escolares y personales decidió ir como de costumbre a uno de sus lugares favoritos del pueblo la biblioteca.

Dentro el frio era menor que en el exterior el lugar olia a libros viejos y a cafe, la bibliotecaria y amiga de William lo saludos como normalmente hacia cada ves que lo veía en el pueblo, pero el no respondió tan cordial saludo, se quedo pasmado con la boca abierta al ver que en una mesa cercana a el había una chica.


Continuara...
Imaginado & Escrita por: Guillermo Lara Barajas.
Prohibida su copia.